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POSTLOCUTIVOS
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Las personas deficientes auditivas postlocutivas son aquellas personas oyentes que por distintas causas pierden la audición total o parcialmente después de haber adquirido el lenguaje.
Los postlocutivos acarrean una larga lista de problemas: de identidad, ya que no son sordos ni oyentes; de comunicación, porque ni entienden ni consiguen hacerse entender; de aislamiento... También se resiente el entorno familiar, social y laboral pues la persona deficiente auditiva, dependiendo del grado de deficiencia que tenga puede sufrir desde malos entendidos a una profunda crisis personal.
La existencia de personas hipoacúsicas y postlocutivas es una realidad. "Oír bien, pero no entender las palabras" es uno de los síntomas que indican la presencia de una pérdida auditiva. Las palabras se perciben como "a través de algodones". La persona afectada debe hacer un esfuerzo de atención suplementario para entender, y forzar el oído si quiere comprender lo que le dicen y compensar así su deterioro auditivo.
Poco a poco se va perdiendo el placer de participar en las conversaciones, ya que esto obliga a prestar tanta atención que resulta agotador. Así, la persona que sufre un deterioro auditivo evita las reuniones, los espectáculos, los ambientes sonoros donde es difícil comprender y entender lo que en ellos se trata y dice. Sin darse cuenta, se va desprendiendo de la vida familiar, de las actividades sociales, se va aislando...
Los familiares y personas allegadas, conscientes de esta dificultad, hacen esfuerzos elevando la voz, articulando y gesticulando, repitiendo las palabras. Pero, finalmente, se acaban cansando, evitando cualquier discusión. Y casi siempre, el deficiente auditivo se da cuenta de esta situación.
Entonces, pueden aparecer actitudes inhabituales como desánimo o tristeza y hasta depresión. Se puede llegar a ser irritable, desconfiado e inseguro.
Si no se toma ninguna decisión con respecto a su problema de audición, el deficiente auditivo entrará, poco a poco, en el "mundo del silencio". Oír mal es cortar progresivamente la comunicación con los demás. Es encerrarse en sí mismo, aceptar el aislamiento, la soledad... es, en suma, olvidar y renunciar a las innumerables riquezas y matices del mundo del sonido perdiendo, así, el placer de vivir.
Las personas que sufren una pérdida de audición suelen crearse ideas irracionales y dramáticas a propósito del mundo de la sordera y del futuro que les espera ("la sordera no tiene solución", "la única forma de comunicación es mediante Lengua de Signos"...). Es necesaria, pues, una labor asistencial, desangustiante y que contrarreste la desestabilización que ocasiona la experiencia de la pérdida de audición.
Por otro lado, estas personas se sienten solas con su problema, y aún imaginando que debe haber más gente en su misma situación, no saben cómo contactar con ellas y demandan un espacio para hacerlo.
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Nafarroako gorren familiartekoen eta adiskideen elkartea Travesía
de Monasterio de Iratxe, 2 |